Dicen que cuando la confianza se pierde, es muy difícil recuperarla. También ocurre esto en el sector de las asesorías. Son profesionales en los que confiamos la salud económica de nuestra empresa y/o de nuestras cuentas, entre otro tipo de gestiones, y nada puede fallar en ningún momento…

hasta que ocurre. Estos son los síntomas que te avisan que debes cambiar de asesoría.

Ha llegado el momento de cambiar de asesoría. El desdén, la incompetencia o la falta de preocupación, en ocasiones, es más importante que el que una asesoría sea más o menos económica. Si tu asesoría no trabaja como quisieras y no te presta la atención profesional que requieres, debes ir buscándote otra. Y es que, en ella puedes estar confiando la buena gestión económica de tu empresa, o la correcta y tan necesaria relación con Hacienda. Te hace falta cuando necesitas tramitar un seguro, dar luz verde a un proyecto, contratar a un trabajador o necesitas respuesta ante una petición concreta donde el tiempo puede estar corriendo en tu contra.

¿Cambiar de asesoría? Quizás te sientas identificado con alguno de estos síntomas. Tu asesoría debe ser profesional, exigente y ofrecerte un servicio de calidad. Si identificas algunos de estos síntomas, es preciso que pienses en cambiar de asesoría cuánto antes. Te mereces un buen servicio:

  • Comunicación deficiente con la asesoría. Tardan mucho en contestar, bien sea por email e incluso por teléfono.
  • Aumento repentino y sin avisar del precio de los servicios que nos ofrece. Cobro de servicios que en realidad no te incluyen.
  • Sensación de perseguirlos para que realicen su trabajo y para poder hablar con ellos.
  • Presentación de datos económicos dispares o diferentes cantidades en la declaración de la Renta.
  • Incumplimiento de plazos a la hora de preparar las cuentas o presentación de documentos y trámites.
  • No informar sobre los posibles cambios en la legislación y cómo puede afectar esto a tus empresas y clientes.
  • Demasiado tiempo para darnos datos tan importantes como los económicos o fiscales que le pedimos.
  • Demasiado tiempo en la resolución final de problemas y en la respuesta a nuestras preguntas sobre asuntos concretos.
  • Desconocimiento de cómo funcionan realmente las gestiones en la empresa.
  • Sensación de desconfianza e intranquilidad. Tener que revisar su trabajo, si han presentado a tiempo los impuestos…
  • No facilitar datos de tu empresa cuando se los pides como facturas, balances…
  • No estar al tanto de subvenciones, bonificaciones… que te pueden ayudar.
  • Errores graves como presentar mal un impuesto y sufrir incluso una penalización.
  • Pérdida de confianza y seriedad en el día a día
  • Recibir malas contestaciones.

 

Si te ha ocurrido alguna de estas situaciones, llámanos. Estaremos encantados de ser tu asesoría. Contáctanos en este enlace.